Causas médicas: Influyen directamente sobre el impulso sexual, como enfermedades neurológicas, hormonales (bajos niveles de testosterona) y endocrinas (diabetes), o factores psicológicos que acompañan a determinadas enfermedades, sobretodo las que tienen una evolución crónica. Estas últimas pueden hacer creer a las personas, que la misma enfermedad (o cirugía) que padecen les ha imposibilitado para una conducta sexual normal. Como consecuencia de este pensamiento presentan un miedo al fracaso y falta de confianza en sí mismas que las conduce a evitar la actividad sexual y, consecutivamente, a una disminución del deseo. A menudo la autoestima queda dañada ante enfermedades de larga evolución y/o cirugía agresiva como en el caso de la cirugía de mama.
Causas farmacológicas: Cuando la disminución del deseo se produce exclusivamente por los efectos directos de un fármaco, se trata de un trastorno sexual inducido por sustancias. Los fármacos que la pueden producir son los psicofármacos, los antihipertensivos y algunos diuréticos
Causas psicológicas: A menudo las causas psicológicas aparecen de forma anárquica y abrupta. Existe un determinado tipo de personalidad que, sin ser patológico, puede explicar la disminución del deseo sexual. Las características son: la falta de confianza, los sentimientos de culpabilidad, la rigidez excesiva, la incapacidad para transmitir deseos o sentimientos a la pareja, o la incapacidad de manejar situaciones emocionales que pueden vivirse como conflictivas por las personas. Estas características, junto con el miedo a la reacción de la pareja y los esfuerzos para evitar la actividad sexual, son los factores desencadenantes que aparecen con más frecuencia. La educación moral y religiosa estricta y una información sexual inadecuada actúan como factores predisponentes.
Enfermedades psiquiátricas: Es el caso del trastorno depresivo; en ellas, el impulso sexual está disminuido, así como en los pacientes que presentan un abuso de determinadas drogas. Hasta un 20% de los pacientes depresivos interrumpen su actividad sexual. Se trata de un síntoma más dentro del cuadro clínico causado por los cambios bioquímicos que se producen en estos trastornos.
Eventos traumáticos sexuales, sobretodo en las mujeres: Los pacientes que han vivido una sexualidad asociada al castigo, dolor o miedo presentan una resistencia causada por la ansiedad o la culpa.
La rutina o aburrimiento sexual: En muchos casos la convivencia puede enfriar el deseo sexual; la rutina, el hastío y los conflictos conyugales pueden llevar a una inhibición del deseo sexual. La actitud perezosa provoca que finalmente sea un fastidio iniciar la actividad sexual. A menudo son parejas que no rompen horarios preestablecidos y que mantienen una misma conducta sexual. Se puede seguir amando a la pareja, pero no verla ya como objeto de deseo. Muchas parejas mantienen relaciones sexuales sólo para cumplir con sus deberes conyugales, pero no las desean ni las disfrutan.
Causas farmacológicas: Cuando la disminución del deseo se produce exclusivamente por los efectos directos de un fármaco, se trata de un trastorno sexual inducido por sustancias. Los fármacos que la pueden producir son los psicofármacos, los antihipertensivos y algunos diuréticos
Causas psicológicas: A menudo las causas psicológicas aparecen de forma anárquica y abrupta. Existe un determinado tipo de personalidad que, sin ser patológico, puede explicar la disminución del deseo sexual. Las características son: la falta de confianza, los sentimientos de culpabilidad, la rigidez excesiva, la incapacidad para transmitir deseos o sentimientos a la pareja, o la incapacidad de manejar situaciones emocionales que pueden vivirse como conflictivas por las personas. Estas características, junto con el miedo a la reacción de la pareja y los esfuerzos para evitar la actividad sexual, son los factores desencadenantes que aparecen con más frecuencia. La educación moral y religiosa estricta y una información sexual inadecuada actúan como factores predisponentes.
Enfermedades psiquiátricas: Es el caso del trastorno depresivo; en ellas, el impulso sexual está disminuido, así como en los pacientes que presentan un abuso de determinadas drogas. Hasta un 20% de los pacientes depresivos interrumpen su actividad sexual. Se trata de un síntoma más dentro del cuadro clínico causado por los cambios bioquímicos que se producen en estos trastornos.
Eventos traumáticos sexuales, sobretodo en las mujeres: Los pacientes que han vivido una sexualidad asociada al castigo, dolor o miedo presentan una resistencia causada por la ansiedad o la culpa.
La rutina o aburrimiento sexual: En muchos casos la convivencia puede enfriar el deseo sexual; la rutina, el hastío y los conflictos conyugales pueden llevar a una inhibición del deseo sexual. La actitud perezosa provoca que finalmente sea un fastidio iniciar la actividad sexual. A menudo son parejas que no rompen horarios preestablecidos y que mantienen una misma conducta sexual. Se puede seguir amando a la pareja, pero no verla ya como objeto de deseo. Muchas parejas mantienen relaciones sexuales sólo para cumplir con sus deberes conyugales, pero no las desean ni las disfrutan.
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